miércoles, 7 de noviembre de 2012

"Mesón de Cándido"


Uno siempre oye rumores de lugares especiales en el mundo de todo tipo; para visitar, jugar, tomar fotos, nadar, y por supuesto COMER. Todos estos “territorios” son difíciles de encontrar y de igual manera es complicado llegar a ellos. Por suerte el restaurante “Mesón de Cándido” tan solo estaba a una hora y media en “BUS” de mi actual localización.

Al saber esta increíble noticia emprendí el viaje a un lugar hermoso, Segovia-España. Llegando había que caminar unos pocos metros para encontrar el sitio deseado; una marcha realmente agradable, ya que la comunidad es realmente hermosa, el otoño estaba en su máximo esplendor, y se respiraba vida en el aire del momento. Cuando faltaban unos cuantos pasos, se divisó el famoso “Acueducto”, una estructura realmente impactante. Justo a su lado, como un acompañante fiel, se encontraba el famoso y aclamado “Mesón de Cándido”.

Una fachada clásica y muy atractiva para el visitante; al entrar preguntaron si había una reservación hecha, mi corazón se paralizó en ese momento, como cuando una araña inmoviliza a su presa. Mi reacción fue un “no” desesperanzador, pero el señor dijo que no había problema y se abrieron las puertas sin ningún contratiempo (un poco de suspenso es interesante). Por dentro tenía una luz amarillenta que le daba un estilo contundente, estaba lleno de antiguas fotografías, al igual que adornos de épocas antiguas españolas.


Los meseros estaban todos “trajeados” y sobretodo muy amables; la mesa daba directo al Acueducto, lo que le dió un gran sentimiento a la futura experiencia. Ya emocionado y viviendo el gran “rumor”, se ordenó un platillo famoso de entrada, que por nombre tenía, “setas a la segoviana”. Estaba mirando alrededor, cuando el platillo ya estaba en la mesa, una rapidez que en mi corta experiencia culinaria jamás se había visto. El fervor fue tal que casi grito, pero contuve la calma y observe el delicioso manjar que tenía enfrente. Un olor y color especial añadían un toque magnífico al sabor único de las setas. De igual manera tenían como colegas pedazos de tocino y especies de sus acompañantes. Una verdadero y auténtico deleite para un corazón con hambre.

Para continuar con esta gran realidad, se ordenó el platillo especial del establecimiento, “Cochinillo Asado al estilo Cándido”. En cuestión de minutos llegó velozmente el lechón listo para prolongar el gran “festival” que estaba viviendo en esos instantes. El cochinillo estaba realmente suave y su piel crujiente, con un olor penetrante y un sabor eficaz. Al finalizar con el manjar, seguía el postre; debo confesar que en varios lugares típicos me han decepcionado de manera importante su repostería, y tenia miedo de que esta “fiesta” fuera parecida.

Pedí la “tarta de ponche segoviano”, y esperé con ansias el resultado de mi petición. Al llegar la observé con detenimiento, como cuando la gente escoge sus verduras, blandí mi cuchara, y corté un trozo de la tarta. Al introducirlo en mi paladar, viajé directo a las estrellas y volví en cuestión de segundos. Una auténtica delicia, satisfacción, gozo, etc. Que bueno estaba, suave, nada empalagoso, un sabor totalmente nuevo y totalmente inolvidable.

Lo más increíble de todo es que en ese momento, el dueño Don Cándido ( pariente del Cándido original), comenzó un ritual que se hace en su restaurante, donde expresa sus honores impuestos por el rey Juan Carlos de España. De igual manera con un plato corona su platillo el cochinillo asado, lo parte con el mismo para demostrar su suavidad, y para finalizar, avienta el plato para que reviente el público emocionado. Una verdadera experiencia culinaria, entretenida, ancestral, y con una excelente compañía que no voy a olvidar.

El precio del cochinillo es de 21,60€, que los valen toditos, es como entrar al teatro nada más que con diferente espectáculo. Mesón de Cándido se encuentra en la calle Azoguejo, 5, Segovia, 4001, España, Tel. 921425911 y 921428102.

En conclusión comer a un costado del Acueducto, ver la ceremonia de un caballero hacia un cochinillo y comer con princesas, hacen de esto un momento para recordar. Los dejo con una frase del mismo lugar:
“Toda persona que honre esta casa con su presencia, cualquiera que sea su nacionalidad o condición, merece el respeto y toda clase de atenciones a que está obligada la hospitalidad castellana”.

sábado, 3 de noviembre de 2012

"Green Door SteakHouse"


En el momento que avisé que viajaría a Londres-Inglaterra, mis amigos y conocidos me advirtieron que la comida era bastante mala. Que quizá la decepción sería tan grande, que la comida jamás sería lo mismo para mí. Por supuesto me asustó el comentario y me hizo titubear, pero una aventura sin arriesgarse a perderlo todo no es digna de mi paladar.

Me costó trabajo encontrar algún lugar que fuera típico de Londres y que no se pareciera a uno de E.U.A. Después de combatir el frio y la lluvia de varias calles de Londres, encontré uno que me llamó la atención, y se llama “Green Door Steak House”.

Un restaurante bastante agradable, ya que estaba seco y de igual manera acogedor. Lo primero que observé fue que tenía un estilo muy diferente a lo normal, parecía que estaba adornado con figuras geométricas (me imaginé “miles” de comidas relacionadas a las figuras), y eso me causó una impresión seductora.

Es increíble como en los menús de comida te presentan distintos platos para que los elijas,  por ejemplo, “Especialidad de la Casa”. De ninguna manera me quejo de esto ya que me ayuda a probar lo “típico” del establecimiento. Bueno apartando esta curiosidad mencionada, escogí de primero el “Melted Camembert”.

Es de mencionar que la barba me creció unos centímetros más antes de que llegara el plato. La tardanza fue increíble, pero el plato estaba cerca de lo sublime. Un plato sencillamente hermoso, bien decorado y con aroma que solo las mujeres pueden superar. Una figura redonda que contenía el magnífico relleno de queso, acompañado por una simple pero buena mermelada, y unos “trillizos” pedazos de pan caliente, hicieron que olvidara el trago amargo de la lentitud.

Emocionado y listo para comentarle a mis colegas que estaban equivocados sobre el alimento en Londres, mi segundo plato fue nombrado “Beef  Wellington”. Después que las arrugas me empezaran a aparecer en el rostro, llegó el platillo. Con cara amable observé la orden y se veía original e increíble, pero su sabor era gris y malo, y el “knock-out” ocurrió en el segundo round (es horrible cuando cantas victoria y tan solo en un momento te dicen que te calles), y aparte me quitó 22,95 libras de mi bolsillo.

En la esquina del “ring o arena”, tenía fuerza para seguir peleando, y entonces pedí un postre que era la típica tarta de manzana con helado.  Para mi sorpresa no hubo tan descarado “robo de tiempo”, pero el último golpe que recibí fue el definitivo. Realmente lamentable el último round, con todo y que se veía prometedor.

El Knock-Out sin duda fue técnico; si no fuera por el primer plato (7.50 libras), me hubiera caído en las escaleras antes de subir al cuadrilátero. El restaurante tiene gente agradable, pero sin el sentido del tiempo (me recuerda a algunos amigos), se encuentra en el “152 Gloucester Road, London SW7” y su tel. 02073732010. Vayan por la primera ronda y huyan rápidamente, porque lo que si se come en ese lugar es el tiempo.






viernes, 19 de octubre de 2012

El Asador de Aranda


Siempre que me dicen, “vamos a comer a un lugar típico de España”, se me pone la piel “chinita”; daría vueltas como los perros emocionados a la espera de su premio, pero no tengo cola y si me mareo no meriendo, lo que sería una desgracia. Ahora bien, el platillo especial es “El cordero asado”, lo que ocasionó que un nuevo mar se creara en mi boca.

El Asador de Aranda es un lugar reconocido en el país español, y a mí me tocó visitar uno de los que se encuentra en Madrid. Al llegar se observa un local típico, y me refiero a clásico, acogedor como si uno llegara a la casa de los abuelos. Acertadamente se había reservado un lugar, ya que al ser muy conocido se necesita prever una posible invasión de “los come corderos”.

El servicio realmente fue extraordinario desde el principio hasta el final de la hermosa experiencia. Todo comenzó con las entradas, morcilla y chorizo “olla”. Su combinación es tan increíble como los glóbulos blancos y rojos para el cuerpo. Pero de igual manera si te pasas con uno el cuerpo lo resiente, me pasé con los dos y el único sufrimiento de mi cuerpo fue el no recibir más de este gran platillo. Una morcilla perfectamente condimentada y un chorizo de un sabor y suavidad excepcional. 
 
La espera del “artista” principal fue idéntica a la de un concierto; primero “abre” un grupo bastante bueno, y a continuación sigue por lo que uno fue a ver (en este caso a comer). “Lechazo asado en horno de leña” es el nombre del talentoso platillo; blando, jugoso, carnoso y sobre todo delicioso. Es interesante como de algo tan chiquito (un corderito) puede surgir algo tan placentero, como se dice, “Las grandes cosas, tienen comienzos pequeños”.

El final no estuvo mal, el postre no es su fuerte ni mucho menos, pero en realidad no es algo para ponerle un “tache”. Un extraordinario “orugo” hecho en casa con unas “donitas” cerraron con broche de oro. Pero lo que si tengo que comentar es que es de muy mal gusto que en la cuenta se incluya el pan, que normalmente es un complemento o acompañante para una comida.
Un gran restaurante es igual a una gran experiencia, y “El Asador de Aranda” es una garantía culinaria. El lugar se encuentra en la Calle Diego de León, 9, en Madrid, España y su teléfono para hacer reservas es el 916530246.





domingo, 7 de octubre de 2012

"Casa Carola"

Es una regla escrita que todos, en algún momento de nuestras vidas, encontraremos a nuestro némesis.  Podemos decidir entre distintos sentimientos, como: odiarlo, pedirle la revancha, respetarlo, entre otras cosas. Pues siguiendo con el comentario, el pasado sábado me encontré frente a frente con mi rival, “El cocido madrileño”.


El cocido madrileño es un plato típico de España (valga la redundancia), un plato absolutamente majestuoso y con un porte de verdadera realeza alimentaria. No hay mejor sitio para comerlo que en un lugar típico de la ciudad. Por eso mis amigos y mi persona fuimos transportados al restaurante “Casa Carola”.

Un lugar clásico, pequeño y en donde uno tiene que hacer reserva con anticipación, por la gran demanda que genera. Al sentarnos en nuestros respectivos puestos nos dieron un “babero”, que me pareció bastante curioso y original. De igual manera e instantáneamente, ya teníamos comida en la mesa. Como me puedo explicar, cuando algo así pasa en la vida, lo único que uno puede hacer es aplaudir o llorar, hice las dos cosas.

Primero dan una “tapa” de croquetas de jamón, que estaba bastante buena y enseguida te sirven el caldo del cocido con fideos. El platillo estaba realmente fabuloso, simple, pero rico, agradable para el paladar. Es el típico caso de algo sencillo que destaca, el “subestimado”.

Cuando llegó el segundo plato, reviví las clásicas batallas del oeste; observándolo despacio, con las miradas en un punto de suspenso inesperado, el ambiente tenso y sobre todo, el olor. El aroma que me paralizó, y en ese preciso instante, comenzó una batalla tan pareja, como exquisita.

Llegó el plato principal que contenía una buena dotación de garbanzos, verduras (zanahoria, puerro y papa) y carne mixta (cerdo, pollo y res). Era monumental y por el mismo lado apetitoso. Todo tipo de colores, olores y sabores, como en un ejercito con su caballería, arqueros y peones. Realmente delicioso y con una cantidad de producto
Interminable.

Si lo leyeron bien, no pude con tal calidad de rival, aunque fue una batalla digna de mencionar en los libros de historia, fui derrotado por el cocido madrileño. Pero por otro lado, lo disfruté tanto, que quizá sea la única vez que no me queje de perder un mano a mano.

Siguió una degustación de postres que no le prestaron el mínimo respeto al platillo principal y decepcionaron un poco, cosa sin importancia. Un digestivo típico llamado “orujo” para calmar las heridas del enfrentamiento. 
El lugar es realmente recomendable; muy agradable, extraordinario servicio y rápido, y por supuesto la comida excepcional. Ahora bien no es para cualquiera, se tiene que ir con las siguientes herramientas: hambre, estómago vacío, actitud y sobre todo concentración. El precio de todo lo mencionado es de 22 euros (IVA incluido) por persona, sin bebidas.

La Casa Carola es un extraordinario restaurante que cumple con todo lo deseado por “Comersando”. Por obra de algo divino hay en existencia dos locales en Madrid; “Casa Carola” c/ Padilla, 54 en el barrio de Salamanca con el Telf. 914019408, y “Casa Carola II” c/ Víctor Andrés Belaunde, 6 Semi-esquina con c/ Serrano 215 con el Telf. 914583159.
 Los dejo con una frase del restaurante: “Abstenerse entecos, melindres, enclenques, desnutridos e inapetentes".

miércoles, 22 de agosto de 2012

Restaurante Mesale (Turquia)


Siempre que uno viaja para visitar un país se plantea distintos lugares que son “importantes” de conocer. Los sitios trascendentales del país, museos, catedrales, monumentos, entre otras cosas. Pues a mí eso me agrada, pero nada como probar los alimentos tradicionales del lugar visitado.

En mi reciente visita a Estambul (Turquía) probar comida y ver monumentos históricos no fueron un problema, ya que están por todos lados. Veamos, Estambul es hermoso; está lleno de colores, de vida, de caos controlado (como lo definí), de religión, y tristemente de turistas (me incluyo). Ahora bien comida no hacía falta ya que hay puestos que te venden, elotes, helado, dulces, kebabs (como hamburguesas o tortas), entre muchas otras cosas.

Por otro lado, lo que se me antojaba y aparte para seguir “comersando”, era un restaurante turco. Pues caminando por sus exóticas y extravagantes calles, encontré el “Restaurante Mesale”. Bueno primero que nada tiene un decorado muy interesante. Hay sillones tipo árabe en lugar de varias sillas y los utensilios para sentarse son como para niños. Las mesas son bajas y eso afecta fuertemente a las personas que sufren dolor de espalda (o sea a mi).

Una complicación es la comunicación, ya que pues para mí fue imposible entender el turco (aunque un idioma muy entretenido), ahora bien la mayoría de los lugares tienen traducciones al inglés, aunque bastante malas.  Pero las ganas que tenía el mesero por entendernos y hacerse entender, fue suficiente para que fuera un gran servicio.

De aperitivo, aunque suene extraño, te ofrecen fumar un dispositivo realmente extraño. Su nombre es la “Nargile”, y se fuma un tabaco de sabores, mi elección fue el de sabor manzana. Realmente una experiencia agradable y única, al igual que reconfortante. Sentarte en los sillones de bebe y fumar ese aparato, fue realmente satisfactorio.

Siguiendo con la comida, el platillo principal fue el típico Kebab, aunque hay varios tipos de lo antes mencionado, mi elección fue el “Urfa Kebab”. Un platillo bastante abundante, colorido y que tenía un olor bastante agradable. El plato contenía verduras asadas (tomate y berenjena), lechuga, col morada, algo parecido a un chile, arroz y el famoso kebab (carne). Todo esto acompañado con las hermanas simbólicas de las tortillas mexicanas.

Tristemente la mayoría de las cosas no son como las pintan; es como cuando uno compra una película, libro o CD porque la portada es bonita, y termina siendo una desgracia (quizá al único que le pasen tremendas decepciones es a mi) . Realmente lamentable el sabor, más bien ni tenía sabor, y las tortillas turcas parecían servilletas, como cuando a un taco mexicano lo atascas de salsa.

Después de tremendo dolor, siguió el postre acompañado del típico té turco. El postre se llama “baklava” y es una combinación de hojaldre, con nuez, una salsa dulce y polvoreada con pistache. Dios santo que bien sabía, es de esas veces que sientes que tu mandíbula se aprieta y no se quiere abrir del sabor tan espléndido que ofrece lo que acabas de insertar en la boca.


La verdad vale la pena el restaurante, aunque tiene su “sube y baja”, es importante saborear la comida turca para apreciar el país. En el local se puede disfrutar por horas bebiendo té, fumando la nargile y comiendo baklavas. Pero de igual manera uno se debe arriesgar y probar el kebab. Todo lo antes mencionado por la cantidad de 48 liras turcas (más o menos 24 euros).

En realidad una travesía recomendable para cualquiera que tenga la oportunidad de visitar el hermoso Estambul. Por si gustan el restaurante Mesale se encuentra en la calle Arasta Carsisi #45, Sultanhmet/Istambul, y su teléfono es el (0212) 5189562. Se ubica debajo de la preciosa Mezquita Azul.